inteligencia emocional en esclerosis múltiple

La relación entre la Esclerosis Múltiple y las emociones comienza en muchos casos antes del diagnóstico

La relación entre la esclerosis múltiple y las emociones comienza en muchos casos antes del diagnóstico 

La relación entre esclerosis múltiple y emociones comienza en muchos casos antes del diagnóstico ya que suele haber un detonante emocional o una crisis psicológica que contribuye al desarrollo de la enfermedad.

También están todas las emociones que nos invaden cuando comenzamos a tener síntomas, las visitas al médico, el momento del diagnóstico y cuando ya entendemos que la esclerosis múltiple nos acompañará toda la vida. Estas emociones como la culpa, el miedo, la tristeza, la ira, la confusión, la negación, la impotencia y la depresión, pueden llegar a ser negativas si no aprendemos a manejarlas correctamente.

Así habla una persona de esclerosis múltiple que en un principio fue enemiga de su enfermedad y de lo que sentía y aprendió a hacerse cómplice de sus emociones, y habla de esta manera sobre la enfermedad después de la evolución en el campo de inteligencia emocional:

Parece mentira que esta enfermedad nos enseñe cosas buenas. Nos cambia la vida sin pedir permiso, pero si quieres puedes ir a su lado por un camino paralelo. A mi esta enfermedad me ha hecho valorar las cosas importantes: como mi hija, mi familia, mi marido, considerar que tengo suerte, aunque de vez en cuando pierda la perspectiva, porque en un día hay momentos muy difíciles, donde piensas por qué me está pasando esto a mí, siento ira por no poder  hacer las cosas que hacía antes, me siento incomprendida por sentir que nadie me entiende al no poder explicar exactamente lo que siento. Yo me paro a pensar, recapacito y doy el siguiente paso, nunca me paro y si no lo consigo a la primera no desisto. Estoy aprendiendo a ver lo importante que es  vivir el momento y hacer lo que se puede y lo que no lo pospongo.

Aprendí a luchar, aprendí a vivir y aceptar, y sobre todo aprendí a pedir ayuda.

Me quedo con una frase: Dios dame fuerza para aceptar lo que no puedo hacer, valor para cambiar lo que no funciona y sabiduría para diferenciarlas.

Mi recomendación que a mí me ha funcionado  es aprender inteligencia emocional y reconocer, aceptar y entender las emociones, expresar correctamente lo que sientes para conseguir un equilibrio mental, emocional, físico y psicológico que te permita mejorar tu salud. Lo que nos despierta una emoción no es el hecho en sí, sino la interpretación que hagamos del mismo.

Esto se explica por qué dos personas reaccionan de manera distinta ante un mismo acontecimiento. Uno puede estar machacándose durante un tiempo inmemorable mientras que otro, sin embargo, lo considera un aprendizaje que no nos hace demasiada gracia, podremos encajarla de un modo más saludable.

Los pasos a seguir ante momentos complicados relacionados con la esclerosis múltiple, diagnostico, brotes, síntomas etc…son:

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Aceptar la enfermedad: A veces el problema surge porque no somos capaces de reconocer una emoción que no genera una situación. Podemos tener miedo, tristeza o enfado y no saber qué palabras ponerle. Para ello, es útil hablarlo aunque no seamos precisos, escribirlo o, al menos, experimentarlo físicamente a través de preguntas, como ¿qué sensaciones me genera?

Reconstruir lo vivido: Una vez que se ha aceptado, se puede reconstruir, es decir, darle una interpretación más positiva. El objetivo es dejar de considerarlo como un problema, un marrón… y contemplarlo como un desafío que te invita a dar lo mejor de ti mismo. Lo que ayuda en este punto es comenzar a hacerse nuevas preguntas: ¿Qué puedo aprender de todo ello? ¿Qué beneficio me aporta? También es interesante contar con alguien que te ayude a ser un buen frontón, no que te refuerce en la espiral de mal rollo, sino que te dé un enfoque diferente, más amplio.

Tomar perspectiva: El último apartado consiste en relativizar la experiencia para no ahogarse en un vaso de agua, contemplar el impacto de lo sucedido en los próximos 10 minutos, 10 meses o 10 años. Cuando tenemos el músculo entrenado para tomar perspectiva, nos damos cuenta de que las cosas que nos dañan son solo una parte y que tenemos muchas otras cosas positivas a donde aferrarnos para ser felices.

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Departamento de Neuropsicología y psicología del centro de Esclerosis Múltiple

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