La vida es una sucesión de etapas y experiencias que no siempre da los resultados que esperamos y tenemos que afrontar acontecimientos que no podemos cambiar, por ejemplo: la aparición de una enfermedad neurodegenerativa.

Ante estas situaciones es habitual que la frustración y la tristeza nos invadan, así como la impotencia, si pensamos que no nos  podemos hacer con la realidad actual.

Es fundamental el aceptar lo que nos está pasando para poder seguir para adelante, la aceptación es un paso esencial para mantener la estabilidad psicológica que nos de cierta tranquilidad y fuerza para seguir hacia una meta de recuperación o asimilación  de limitaciones.

En muchas ocasiones, creemos estar aceptando una enfermedad, cuando en realidad estamos resignados a la misma.

Es frecuente encontrar resistencias ante la aceptación. Solemos confundir aceptación con resignación, y por eso, en muchas ocasiones nos negamos aceptar la enfermedad, los déficits, pensamos que si aceptamos la enfermedad  nos estamos dando por vencidos. 

Resignarse es sentirse impotente ante una situación, tener la sensación de que no podemos hacer nada y que por ello, somos víctimas de lo que nos ha tocado vivir.  Nos posiciona en el sufrimiento; nos gustaría que la realidad fuese otra y como no es así, peleamos con ella y contra ella continuamente, generando resentimiento y amargura, lo que provoca que permanezcamos anclados al pasado, cuando estábamos bien,  atados al  estado sin discapacidad. Nos hace sentir que no tenemos capacidad de elección, nos bloquea y evita que busquemos opciones: “esto es lo que hay”.

Por el contrario, la aceptación nos abre puertas actuar. Supone comprender las situaciones de la vida, con sus pros y sus contras. La aceptación requiere observación y comprensión de lo que ocurre sin autoengaños. Se trata de aceptar independientemente de que nos guste o no, porque no tiene sentido negar lo que es, la realidad.

Aceptar es abandonar una lucha hacia algo que no tiene solución; es también estar dispuesto a convivir con nuestras sensaciones internas aunque sean dolorosas, y buscar otros caminos que nos permitan vivir como nos gustaría.

Cuando aceptamos nuestra enfermedad  tal y como es, aunque no nos guste, nos permitimos buscar formas alternativas de hacer las cosas y seguir hacia delante, aceptando adaptaciones si las requiriera, aprendiendo a vivir siendo amiga de la enfermedad no en contra de la enfermedad.

Para aprender a aceptar la enfermedad también es útil desarrollar un profundo conocimiento de nosotros mismos, de nuestras virtudes y limitaciones, queriéndonos y respetándonos. También es necesario darnos tiempo para asumir la situación nueva con la evolución de la enfermedad de forma positiva y realista. Con todo ello irá aumentando nuestra tolerancia a la frustración y nuestra capacidad para adaptarnos al cambio que ha aparecido en nuestras vidas sin avisar. Podremos ser conscientes de que, a pesar de vivir situaciones muy adversas, podemos crear nuestras propias oportunidades.

Los aspectos para reflexionar de como evolucionar de una actitud de resignación a aceptación de la enfermedad son los que comentamos a continuación, ¿te atreves a cambiar?

 

1. Victimismo vs Responsabilidad

Quizás lo primero que identificamos cuando hablamos de resignación es la sensación de ser víctima de las circunstancias. Cuando te sientes resignado crees que tú no puedes hacer nada para cambiar tu vida. Esta forma de pensar hace que interpretes el papel de víctima y por tanto sientas impotencia y frustración. 

En cambio la aceptación nos lleva a hacernos responsables de nuestra vida y las cartas que nos ha tocado jugar. Sentimos un gran poder que nos hace pensar en todo lo que podemos hacer y por supuesto en luchar por nuestros sueños partiendo de la realidad.

 

2. Pasividad vs Proactividad

La resignación te invita a no hacer nada y por tanto a ver pasar la vida.

En cambio la aceptación nos anima a cambiar y a movernos por conseguir objetivos. Entendemos y sentimos que la realidad es así y que partir de ahí, podemos poner todas nuestras fuerzas en construir y modificar aquello que queremos. La fuerza de cambio es enorme.

 

3. Negatividad vs Entusiasmo

Si te das cuentas, la resignación te va a llevar a un estado de negatividad en el que empezarás a ver las cosas de un amanera pesimista, sin salida, oscura… Dirás que nada merece la pena porque somos esclavos de un sistema, un Dios, una situación política… Esta falta de motivación hará que caigas en un estado de apatía y tristeza que puede llegar a generar enfermedades.

En cambio, la aceptación de la realidad hace que queramos cambiar y mejorar lo que ya hay, y de ahí nace una gran fuerza y motivación que hará que pongas todas tus fuerzas y energías en alcanzar esas metas que seguro tanto ansías.  

 

4. Dolor vs Alegría de vivir

La resignación nos hace sentir frustración, impotencia, tristeza, apatía, desmotivación… todo lo cual lo podríamos englobar en dolor, ¿no crees? Y el dolor es un estado que las personas no queremos aunque nos acostumbremos a él.

En contrapartida, la aceptación nos llena de alegría, fuerza, motivación, energía… todo ello podría agruparse en entusiasmo, quizás la palabra que mejor puede definir ese estado de gran alegría por vivir.

 

5. Revolución vs Evolución

Cuando nos resignamos y nos sentimos sin poder, queremos cambiar las cosas por la fuerza, de una vez, caiga lo que caiga, sin pensar en las consecuencias y solo mirando nuestro interés. La consecuencia como siempre es más dolor, sufrimiento e involución.

En cambio, cuando aceptamos las cosas, lo que queremos es cambiarlas a partir de ahí, y por tanto actuaremos para ir modificando, mejorando o arreglando lo que no nos gusta e iremos creciendo y evolucionando poco a poco como especie y como seres humanos que somos.

Referencias: Artículos de Psicología Gema Sánchez Cuevas   y Carlos Pontillo.

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